Docente ¿Vocación o Decisión?

 Por José Antonio Sánchez García

08 de septiembre de 2021

Esta pregunta es algo que invade a todo y cada uno de los docentes que iniciamos una carrera en este mundo. Desde pequeñas, las personas tienen sueños y aspiraciones. Hay quien se pregunta ¿Qué voy a ser de grande?, otras más lo tienen más claro -quiero ser futbolista, médico, actriz o actor, cantante, maestro o maestra, etc.-. Para muchos de nosotros esa decisión no fue nada sencilla.

Comenzar en la docencia se convierte en un carrea con infinidad de obstáculos y frustraciones, pero sobre todo miedo. Aunque no lo creas, estar enfrente de un grupo de estudiantes que, en muchas ocasiones no tienen deseos de aprender, puede paralizar a cualquiera. Tener que luchar contra los malos hábitos que han aprendido en casa o en la calle, la doble moral que tienen muchos adultos o las familias, el que existan personas que no se deberían dedicar a la docencia y que han afectado de forma contundente a los estudiantes, hace nuestro trabajo aún más difícil. El saber que eres responsable de preparar a un humano para que tenga las habilidades y destrezas que le permitirán abordar los problemas que le depara la vida, sin olvidar toda la diligencia administrativa que es inherente a tu puesto, suele ser una carga bastante pesada. Ahora imagina que se trate de ayudar a formar a 700, 800, 900, … estudiantes que están bajo tu cuidado, se vuelve una tarea bastante abrumadora.

¿Cuántas veces has estado a solas, imaginando las actividades que van a realizar los niños, niñas, adolescentes o jóvenes que están inscritos en tu materia? Divagas pensado en los escenarios didácticos que sean idóneos y óptimos para desarrollar las competencias que están establecidas en el programa de tu materia. Las horas que pasas planeando un ejercicio, repasando en tu mente una y otra vez las posibles respuestas o los aprendizajes que lograrán. Haces las modificaciones que consideras pertinente. Te vuelves un experto cuando sabes adecuar la técnica o la estrategia que estás aplicando con uno u otro grupo, dado que tienen diferentes formas de aprender. Estás tan ilusionado, pero te sientes terrible cuando todo tu trabajo -planeación, estrategia de estudio, herramientas, ambiente de aprendizaje- no logran su objetivo. Obviamente te deprimes. Consideras que no hiciste bien las cosas, más aún cuando estás siendo observado por las autoridades de tu institución, los alumnos, los padres de familia que te juzgan de manera constante sin saber lo que tu mente y corazón tienen guardados.

No quiero olvidar la infinidad de trabajos que debes revisar. Hay ocasiones en que estás leyendo lo que tus estudiantes escribieron. De repente, te detienes y vuelves a leer, localizas en el texto un error ortográfico que pone en duda tus conocimientos. No es el único que lo escribió mal, hay otro, otro, otro más. Finalizas el documento y recurres a un diccionario o lo “googleas”. Varias veces vista la palabra mal escrita y tienes la necesidad de consultar la forma correcta. Reflexionas sobre el hecho de que te parece adecuado hacerle ver sus errores a aquellos que lo cometieron, pero ¿qué recibes a cambio? Enojo, molestia, malestar y, tal vez, una mirada de desaprobación, lo cual te hace cuestionarte sobre si hiciste bien. Afortunadamente se te acerca uno de tus discípulos y te agradece porque te diste el tiempo de leer lo que escribió, aceptando que había cometido una equivocación y te promete que, en lo sucesivo, tendrá precaución. En ese momento realizas una introspección sobre lo que hiciste. Es una simple acción. Un gesto que tuvieron para contigo que te llena de alegría y te emociona. Dices “estoy haciendo un buen trabajo”. Por fin, ha finalizado tu semana de trabajo. Alto querido compañero(a) docente, ¿No te has olvidado de algo? Entiendo que ya tienes algunos años de servicio y frecuentemente te estás capacitando -tomas cursos, haces diplomados, maestrías, incluso el doctorado- pero ¿y tu familia? ¿Tus hijos? si es que los tienes.

En el sitio web Aces Educación, la profesora Perla Carrera (Carrera, 2017) hace una disertación muy interesante sobre lo que implica ser hijo de una maestra. La autora explica de manera muy convincente las dificultades que debe sortear. Los sentimientos que experimenta, la crítica que debe soportar y/o la falta de atención, debido a que la maestra está calificando unas evidencias y no puede atenderlo en ese momento. En particular, llama mi atención en demasía, el párrafo donde dice: … “Al hijo de la maestra siempre se le demandará un poco más: debe portarse mejor que los demás porque es observado por el resto de sus compañeros de clase, por los colegas de su maestro y por los padres. Si es buen alumno, se podrá escuchar por allí que es gracias a que su madre -la maestra- le ayuda a cumplir con las tareas escolares… En realidad, algunos se inclinarán a pensar que no solamente recibe ayuda extra, sino que la mamá es quien hizo la tarea escolar. Ese es el pensamiento malicioso de algunas personas”. Es impensable para mucha gente que el maestro o la maestra, también sea padre o madre de familia. Es terrible siquiera imaginar lo que siente el hijo o hija de un docente. Los problemas que tuvo que resolver solo. Las múltiples dificultades, en la escuela, con sus compañeros de clase, con sus sentimientos, con sus amigos. En este momento me llega una duda y que no soy capaz de responder: ¿Cuál es el nombre del mejor amigo de mi hijo?

Me embarga un sentimiento de melancolía cuando pienso en la cantidad de eventos escolares, competencias, triunfos, festivales, cumpleaños, en fin, todas las cosas que mi hijo realizó y en la cuales nunca puede estar presente. Profesor -me decían- tienes que estar al pendiente de tus alumnos, necesitamos que estés en el evento del día de las madres, también hay que organizar la salida didáctica, hacer el proyecto, presentar los presupuestos, vigila a tus estudiantes para evitar contagios de COVID-19. Enséñales la forma correcta de lavarse las manos, vigila que no tengan fiebre, cuida que no estén compartiendo objetos ni comida o agua. Ni se diga cuando ocurre algún fenómeno natural (como el sismo que ocurrió un día antes de realizar este artículo). En diferentes ocasiones tuve que poner por delante a mis alumnos y dejar a un lado a mi hijo. Se bien que está situación te es familiar.

Muchos de nosotros hemos tenido que sacrificar algo, ya sea horas para pasar con la familia, de descanso, de sueño. Por el horario de trabajo, cuán difícil es tener un horario de comida familiar. Seguramente conoces a profesoras (también profesores) que trabajan en una, dos o tres escuelas y que tienen que desplazarse -incluso manejando a altas velocidades- para llegar a su centro de trabajo y cumplir con su horario. Es sumamente complicado que siempre tengas sobre tus hombros la placa que dice “Eres ejemplo”, no sólo para tus hijos e hijas, sino también para tus estudiantes. Ahora tengo presente una conversación que tuve con un compañero docente. En aquella ocasión de pregunté ¿qué significa ser docente? Su respuesta me sorprendió sobremedida. Desde su punto de vista, la vida del docente debería compararse con un apostolado.

Me quedé sorprendió y me di a la tarea de investigar la razón por la cual hacía esa analogía. Indagando en diversas fuentes de información relacionadas a la religión, lo primero que encontré fue la forma correcta de escribir Apóstol (iniciando con letra mayúscula). Lo segundo, fue que la palabra -según la fe- proviene del proviene del griego Απόστολος, que significa “enviado”, con base en el sitio Web Significados. (Significados, 2013-2021). ¿Enviado? Esta palabra encierra un significado trascendental y se convierte en un concepto poderoso cuando lo relacionamos con las actividades que realiza una maestra o un maestro frente a su grupo. En su publicación, la revista digital Aptus propuestas educativas (Santos, 2015) señala que: … “Un docente es aquel que enseña o que es relativo a la enseñanza. La palabra proviene del término latino docens, que a su vez deriva de docēre (“enseñar”). Relacionado las palabras docente y Apóstol, me intriga saber si tengo la vocación para ser docente o estoy en este trabajo porque lo decidí. Además de estar preparado y tener los suficientes conocimientos para impartir una clase, un docente necesita ayudar a otros a pensar, a reflexionar o tal vez a analizar un fenómeno, lo que le permita a quien recibe tal instrucción, convertirse en un promotor del conocimiento y del cambio. En suma, un mejor individuo. Ser docente va más allá de saber enseñar y trasmitir el conocimiento. Es alguien que está al servicio de sus estudiantes, sin esperar nada a cambio, tan sólo la satisfacción de que sus discípulos se realicen en todos los ámbitos de su vida.

Entiendo perfectamente que la vida del docente está plagada de vicisitudes y que nos enfrentamos todos los días a diferentes retos que de alguna manera nos ayudan a ser mejores todos los días. Existe un proverbio que a la letra dice… “El humano sabio nunca se considera grande, por eso mismo lo es”. Jamás me imaginé que sería docente. Sin embargo, a través del tiempo me he dado cuenta de que esta profesión me regaló muchas satisfacciones. Me mantiene actualizado, en constante preparación y con el deseo siempre de ayudar a mis estudiantes.

Después de 29 años de servicio al frente de grupos, me siento satisfecho con lo conseguido y con el enorme deseo de que los jóvenes que trasciendan. Ojalá que muchos de ellos recuerden los aprendizajes que lograron con cada una de las actividades que les solicité. Me gustaría en algún momento llegar a ser ese humano sabio. Por ahora me despidió, no sin antes compartirle amigo lector mi filosofía de vida. “Ser bueno en lo que me gusta es fácil, pero debo ser el mejor en aquello que no te gusta. Si lo logro, entonces seré feliz”

. 1 Carrera Perla (2017) Ser hijo de maestra http://educacion.editorialaces.com/ser-hijo-de-maestra/ consultado el día 08 de septiembre de 2021 a las 12:15. 2 Significados. (2013-2021). Obtenido de https://www.significados.com/apostol/ el día 08 de septiembre de 2021 a las 17:50. 3 Georgina Contreras Santos (2015) “La vocación de enseñar”. Obtenido de https://aptus.com.ar/la-vocacion-de-ensenar/ el día 12 de septiembre de 2021 a las 18:00

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Conceptos básicos Sitio web